‘Yo hago esto por amor’: la lucha por salvar la cosecha de café en Puerto Rico

Granos de café en las manos de Luis Curbelo en Finca La Perla, en Mayagüez, Puerto Rico.

En las montañas de Puerto Rico, donde el aroma del café ha acompañado durante generaciones la vida de miles de familias, el silencio comienza a ocupar el lugar de los recolectores.

Cada temporada resulta más difícil encontrar personas dispuestas a cosechar café, una labor que exige experiencia, paciencia y largas jornadas en terrenos escarpados.

Para muchos caficultores, mantener viva la producción se ha convertido en un acto de compromiso con la tierra más que en una actividad económicamente rentable.

“Yo hago esto por amor, porque de esto yo no vivo”, dijo Kris Rodríguez, caficultora con más de 25 años de trayectoria.

Múltiples factores han contribuido a la situación que enfrenta la caficultura puertorriqueña.

En las últimas décadas, el sector ha tenido que sobreponerse al impacto de los huracanes Georges, María y Fiona. A esto se suman los efectos del cambio climático, el aumento en los costos de producción y una creciente escasez de mano de obra para recoger el grano.

El café puertorriqueño continúa siendo reconocido por su calidad, aunque la industria enfrenta una realidad preocupante. Cada año produce menos café, mientras cientos de miles de quintales deben importarse para satisfacer la demanda local.

Según Rodríguez, el café requiere una recolección manual y selectiva, y la cosecha, que se concentra entre agosto y enero o febrero, exige suficiente mano de obra para evitar pérdidas.

Ante la escasez de trabajadores locales, algunos productores han recurrido al programa federal H-2A para contratar mano de obra extranjera, aunque sus costos y requisitos limitan el acceso para muchos pequeños productores.

Cultivo de largo plazo

“La gente que creció en la agricultura y la caficultura nunca ha querido alejarse del café”, dijo Rodríguez. “Porque es algo muy cultural para el caficultor”.

Actualmente cultiva 14 cuerdas de café, pero solo cuenta con dos personas para atender la cosecha. Según explicó, una finca requiere alrededor de seis trabajadores por cuerda para recoger el fruto a tiempo y evitar pérdidas.

“Dos personas no dan abasto. Con la cantidad de trabajadores que tengo, más del 50 % de la cosecha se pierde”, dijo Rodríguez.

La zona montañosa central concentra 21 municipios donde más se cultiva café. Adjuntas es el mayor productor de la isla, aunque Jayuya, Lares, Maricao y Yauco también destacan por su producción.

Ante el inicio de una nueva cosecha, Rodríguez anticipó que la falta de mano de obra seguirá siendo el principal obstáculo para los productores durante la temporada de 2026.

Además de la escasez de trabajadores, señaló que muchos pequeños caficultores apenas logran sostener sus operaciones.

Las cifras respaldan esa realidad

Puerto Rico consume alrededor de 240,000 quintales de café al año, pero produce apenas unos 30,000, por lo que depende de importaciones para suplir la mayor parte de la demanda, de acuerdo con Lenith Aret Arocho Acevedo, directora de la Región Agrícola de Lares del Departamento de Agricultura.

“Históricamente, la cosecha ha ido disminuyendo bastante”, dijo Arocho Acevedo. “Las últimas cosechas han estado entre 28 mil y 30 mil quintales. Todavía estamos bien bajitos”.

Arocho Acevedo aseguró que la escasez de trabajadores representa actualmente uno de los mayores obstáculos para la industria.

“La mano de obra es uno de los factores más importantes; yo diría que hasta más que los mismos huracanes.”

El aumento de las temperaturas, los periodos prolongados de sequía y los eventos de lluvias intensas alteran el desarrollo de las plantas, afectan la floración y reducen el rendimiento de las cosechas. 

Estas condiciones, combinadas con la falta de trabajadores, representan algunos de los principales desafíos que enfrenta la caficultura puertorriqueña.

Visas temporales

El programa H-2A fue creado bajo la Ley de Inmigración y Nacionalidad de Estados Unidos para permitir la contratación temporal de trabajadores agrícolas extranjeros cuando existe escasez de mano de obra local.

Los datos más recientes del Censo de Agricultura de 2022 reflejan que Puerto Rico cuenta con 2,983 fincas dedicadas al cultivo de café, que abarcan 18,961 cuerdas de terreno.

Entre 2015 y 2024, solo 27 fincas cafetaleras solicitaron trabajadores mediante este programa, según datos del Departamento de Agricultura. 

Para Salvador A. Valdés Ramírez, del Servicio de Extensión Agrícola de la Universidad de Puerto Rico en Mayagüez, el programa ha sido útil para algunos productores.

“Las visas permiten traer trabajadores extranjeros, pero para los pequeños caficultores se hace muy difícil. Los que han podido utilizarlas han obtenido buenos resultados”, dijo.

Los costos asociados hacen que esta alternativa no sea accesible para la mayoría.

“Como departamento, no tenemos manera de subsidiar esa situación. Hemos ayudado mediante programas de subsidio salarial, pero traer esa mano de obra no depende de nosotros”, explicó Arocho Acevedo.

El caficultor Luis Curbelo, con más de dos décadas dedicadas al cultivo del café, recordó que Puerto Rico llegó a ser reconocido internacionalmente por la calidad de su producto.

Hoy, la realidad es distinta.

“La situación es bien grave porque no tenemos quien recoja el café. Antes teníamos 18 recolectores para recoger unas 50 mil matas de café en Finca La Perla, en Mayagüez; ahora apenas tenemos cuatro personas”, dijo Curbelo. 

Curbelo explicó que la disminución de recolectores limita la capacidad de la finca para recoger el fruto en el momento adecuado. Cuando el café madura y no se cosecha a tiempo, el grano puede caer al suelo o perder calidad, lo que representa pérdidas económicas.

Durante la pasada temporada, la combinación de lluvias constantes y la falta de mano de obra agravó la situación y provocó pérdidas significativas.

“El reto mayor que tiene la caficultura en Puerto Rico es la mano de obra”, afirmó.

El futuro del café boricua

Curbelo considera que los consumidores también tienen un papel en la preservación de la industria.

Elegir café producido en Puerto Rico contribuye a respaldar a los agricultores que continúan invirtiendo en mantener vivo el cultivo.

“Si usted es un bebedor de café, tiene que saber de dónde viene su café”, dijo. “Y apoyar las marcas que hacen el esfuerzo de producir café cien por ciento puertorriqueño.”

Puerto Rico continúa dependiendo de las importaciones para suplir la demanda local.

Granos de café cultivados en, Maricao, Puerto Rico.

Para Iris Janette Rodríguez, presidenta de la Asociación de Productores de Café de Puerto Rico, el futuro de la industria no está en competir por volumen, sino en preservar la calidad que distingue al café puertorriqueño.

“A nivel mundial, Puerto Rico jamás va a poder competir por cantidad, pero sí por la calidad”, afirmó.

La presidenta de la asociación señaló que la continuidad de la caficultura dependerá de encontrar soluciones a la falta de mano de obra y de promover el relevo generacional para que nuevas personas se incorporen al trabajo agrícola.

Mientras tanto, los caficultores continúan trabajando para que el café que llega a la taza de los puertorriqueños siga naciendo en las montañas de la isla.

Rodríguez destacó que apoyar el café local representa mucho más que adquirir un producto.

“Cuando usted compra café local, está apoyando todo un ecosistema. La agricultura es mi forma de vida y eso es lo que queremos transmitirles a las nuevas generaciones”, dijo Rodríguez.

Yarithza Liceaga López, graduada de la Universidad de Puerto Rico en Arecibo. Aspiro a continuar ejerciendo un periodismo comunitario y multimedia, dando visibilidad a quienes más lo necesitan. Contáctame en yarithza.liceaga@upr.ed o en Instagram como @yaya.liceaga.

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